Nuestras mayores torpezas sexuales las cometemos sin darnos cuenta. En la cama no somos perfectos, algo que hay que admitir desde el primer momento. Ni siquiera con la experiencia seremos perfectos, porque siempre se aprenden cosas nuevas. Y eso provoca a veces que las relaciones sexuales se conviertan en rutinarias por miedo a experimentar cosas nuevas y equivocarnos. Pero no estaría de más dar con el punto exacto que debería mediar entre el hastío de la rutina, que mata la pasión; y esa locura que acaba con nuestros huesos hechos añicos y la dignidad tronchada en dos, y no precisamente de risa. Las siguientes son unas pautas sutiles de prudencia; si bien una buena carcajada puede salvar hasta el coito con calcetines o las bragas de Bridget Jones en sus mejores tiempos cinematográficos.
Nuestras mayores torpezas sexuales
- Está genial ponerle una pizca picante a la relación, pero teniendo en cuenta que tus fantasías no son siempre las suyas. Un traje de Superhéroe o de Caperucita Roja pueden alimentar el morbo o el sonrojo.
- La mala higiene o los gestos soeces matan la libido sin derecho a réplica y con pocas posibilidades de tomarlo con humor.
- La falta de pericia al desabrochar un sujetador o desabotonar una camisa desborda la paciencia de cualquiera.
- El desenfreno debe reservar un lugar al sentido común. Por ejemplo, no perder de vista las llaves de las esposas.
- Hay que dejar el teléfono móvil en silencio.
- En momentos de lujuria no se puede ser un bocazas. ¿A qué viene hablar de ex, hacer comparaciones, pedir compromiso o planificar el futuro?
- El salto del tigre u otras hazañas sexuales no dejan de ser emocionantes, siempre que ninguno de los dos acabe hiriendo con uñas o dientes las partes más sensibles del otro.
- Cada persona dispone de una ruta del placer muy personal que la pareja no tiene por qué conocer si no se le va guiando de modo adecuado.
- Si no somos muy habilidosos, ¿por qué empeñarse en la estrechez del ascensor o el poco romanticismo del baño?
- Si tampoco somos acróbatas, obstinarse en tomar las posturas del Kamasutra como modelo puede resultar muy ridículo.
- El sexo furtivo es excitante, pero se disparan las posibilidades de ser sorprendidos o de cometer meteduras de pata bastante acaloradas.
- No hay mayor torpeza que insistir en taparse la celulitis o apagar la luz para disimular los michelines. Deja que fluya la sexualidad.
- ¿Aún no hemos aprendido a usar el preservativo con soltura? Puede entonces que esta sea la primera y última cita.
- Como dice una de las columnas de Esther Balac, «cuando por fin encuentren nuestras zonas erógenas, no las traten como tuercas de carro».
- Un ‘no’ significa una negativa puntual, no un rechazo personal. Obcecarse sí conduce al rechazo.
- Usar juguetes sexuales es un gesto creativo y positivo, pero precipitarse al desplegar tu repertorio puede resultar una torpeza muy intimidante.
