El sexo nos inquieta

El sexo nos inquietaEl sexo nos inquieta en algunas situaciones. Es evidente que a muchas personas les gusta el sexo y no tienen problema en decirlo. Sin embargo, una cuestión bien distinta es encontrarse ante una situación en la que la relación sexual es inminente. Hay personas que en ese tipo de casos sienten un rubor bastante fuerte que les impide disfrutar del acto sexual. Eso es lo que le sucedió recientemente al actor Robert Pattinson cuando tuvo que hacer su ardiente escena en la parte trasera del coche con Julianne Moore en su película, «Maps to the stars«.

El psicólogo Carlos de la Cruz ha tomado el pulso a nuestra sociedad. Ha detectado una decena de nuevos detonantes que bloquean la expresión normal del deseo y la alegría del sexo.

El sexo nos inquieta de esta manera

  • La sexualidad se ha llenado de muchos «tener que». Tener que dar la talla, tener que tener relaciones sexuales, tener que gustarte el sexo oral, etc.
  • Demasiado ego. La sensación de contar te deja expuesto con el consiguiente riesgo de quedar por debajo de la media. En lo sexual queda aún mucho sentido de la competición.
  • «Tanto tienes, tanto vales». Vivimos una sexualidad muy marcada por la cantidad y poco por la calidad; con estándares poco realistas y prácticas que no siempre son de nuestro agrado.
  • Demasiado expuestos a luces y taquígrafos. La lógica intimidad nos dice que no parece sensato hablar siempre de nuestras relaciones eróticas.
  • El cuerpo desnudo suscita necesidad de comparar. Si las comparaciones son siempre odiosas, más cuando son anatómicas y al dictado de los cánones de la pornografía.
  • El hombre se está volviendo mucho más pudoroso que nunca en sus aspectos emocionales.
  • Insistimos en hablar de la sexualidad desde el peligro y poco de las posibilidades de placer, satisfacción y encuentro.
  • Prestamos más atención a una sexualidad pequeña, de coitos y genitales, que a la sexualidad que podríamos escribir con mayúscula: cuerpos, placeres, deseos y diversidad. Los padres eluden en muchas ocasiones el tema y cuando se trata se hace desde una perspectiva patológica y de miedo.
  • La puesta en escena de la sexualidad desde los medios de comunicación y ocio transmite presión y, sobre todo, la presión de no tener que tener vergüenza. Por eso, no reconocemos este sentimiento de pudor y lo intentamos disimular, aunque el organismo nos delate.
  • Una naturalidad mal entendida. Deberíamos poder mostrarnos tal y como somos. Desde la franqueza poder decir: «Me siento incómodo desnudo», «Estoy nervioso», «Me avergüenza la luz encendida», «Es la primera vez que».